POR UNA TRANSFORMACIÓN DE LA POLÍTICA


(ATTAC, 12/12/2011)

Antonio Fuertes Esteban – ATTAC Acordem

La presente propuesta surge como forma posible de ofrecer una respuesta política organizativa desde la ciudadanía. Ello ante la convicción mayoritaria de que el crítico momento actual, de la idea y de la práctica democrática, está conduciendo a la humanidad a una nueva "Edad Media Global" en la que unos pocos plutócratas dominan nuestro país y el Mundo y esta carrera no se detendrá a menos que la conciencia ciudadana no se una y organice.

Hoy ya nadie puede negar lo evidente, gobiernan los mercados, no los representantes de la ciudadanía y mucho menos el pueblo. Pero también es evidente que este despótico poder no gobierna para el pueblo, sino en su propio beneficio y contra el interés y necesidades de toda la Humanidad. El mayor problema que tenemos es que desde la actual sociedad individualizada, dividida, enfrentada y adormecida por los medios de persuasión del poder económico, es prácticamente imposible ofrecer respuestas sólidas posibles para que la ciudadanía se organice eficazmente y recupere el poder que los mercados le han sustraído.

En España, la inmensa mayoría de ciudadanos y ciudadanas celebraron la muerte del dictador y la proclamación de la democracia monárquica constitucional, sin embargo tres décadas más tarde una oligarquía económica sigue gobernando el país, salvo que esta vez es global y gobierna globalmente. Mientras tanto diversas oligarquías políticas aspiran a poder ser los actores principales del desgobierno del Estado español, que se da en consonancia con el desgobierno Europeo y Mundial.

La gran globalización es un fenómeno de la historia reciente, pero sin embargo ya asentado y en vías de consolidarse. De la otra parte, algunas insuficientes resistencias ciudadanas vehiculadas globalmente a través, entre otros, del Foro Social Mundial y de algunos gobiernos latinoamericanos y otros, que tratan de detener el avance imparable de los globalizadores anglosalones y otros.

Hoy hay consenso en admitir que cualquier cambio sustancial se ha de construir en un constante diálogo entre lo local y lo global. Defender lo contrario en un Mundo fundamentalmente interrelacionado sería engañarse. Sin embargo esta obviedad, no nos puede ocultar que la globalización neoliberal no sólo ha avanzado por que las fronteras se hayan diluido a causa de la tecnología. Muchos nos cansamos de repetir hasta la saciedad que la globalización neoliberal es el gran logro del poder del dinero, que se ha implantado debido a la presión de los lobbies del capital, pero también debido a la vergonzosa renuncia de los políticos de las "izquierdas" mayoritarias a ejercer como legisladores del pueblo y no a favor del capital.

Con cierta frecuencia, popularmente se tilda al conjunto de políticos como "clase política". Esta afirmación molesta a muchos que afirman que "no todos los políticos son iguales", ambas afirmaciones hay que tratarlas con reposado cuidado. Y es que, si bien es verdad que hay diferencias ideológicas en los programas de los diferentes partidos, también es verdad que la actividad parlamentaria y el profesionalismo político, cuando no el ejercicio del poder, son factores que tienden a alejarlos de la realidad de la calle, salvo honrosas excepciones, contemplando en su totalidad su ejercicio como el propio de los que se dedican en exclusiva a la política. Al mismo tiempo son los propios políticos los que suelen "encerrar la política en un solo juguete", su parcela de poder representativo. Esta imagen bidireccional, les reviste de un envoltorio corporativo como "clase política" y les distancia de la gente común. Esta visión es connatural al sistema político de la democracia liberal, paradigma político vencedor y "reinante" en la actual fase de la Modernidad.

Sin embargo, ya va apercibiéndose la ciudadanía de cuan vacuas son las ínfulas de poder de los políticos hoy día. Sirva como muestra el ejemplo de Rajoy, que sintiéndose "coronado", prometió el oro y el moro cínicamente hasta que fue elegido. Ahora, antes de formar gobierno, ya no promete nada, sólo previene de las dificultades y se cura en salud anunciando lo peor que está por venir, de su mano claro. Y esto es posible porque claramente el Neoliberalismo, adoptado por tirios y troyanos, ha sido el arma para el "golpe de Estado global" del Mercado a la democracia. A los políticos que se pliegan al Mercado sólo les queda obedecer, es lo que hay y todos lo saben.

Una vez llegados a esta nefasta conclusión solo cabe preguntarse ¿La dictadura del mercado como sistema político es definitiva? ¿Puede el pueblo recuperar el poder que le ha sido robado? ¿Cómo?

Responder a esta pregunta nos llevará a adentrarnos en vastas y diversas reflexiones sobre el poder en la Globalización y sobre las formas de gobernanza. Podemos convenir que combatir el sistema actual requiere de meditadas y consensuadas estrategias políticas que necesariamente han de construirse desde geometrías variables y atendiendo a la interrelación continua entre los poderes globales económicos y los poderes locales hoy políticamente pasivos. Las grandes líneas ideológicas y políticas se planifican hoy globalmente, desde los foros ideológicos y las universidades de la plutocracia del dinero y son ejecutadas por gabinetes de gestión política sujetos a la presión de los lobbies y al dictado del Mercado.

Entonces ¿Cómo comenzar a organizar las fuerzas de cambio antisistémicas? La respuesta no deja dudas, no hay otra forma de iniciar el trayecto que desde nosotros mismos, desde lo local, los estados. Pero al mismo tiempo y no menos importante, hay que ir construyendo interrelaciones entre los diversos agentes políticos y ciudadanía, que actúan bajo distintos gobiernos locales, y esto a nivel internacional con objeto de que se vayan tejiendo local y globalmente los instrumentos políticos del cambio, estableciéndose nodos y redes de contrapoder.

Lo primero a constatar es que en la esfera local, desde el municipio hasta los parlamentos diversos, el sistema representativo está en crisis, no sirve al gobierno del pueblo y hay que refundarlo. La política ha de dejar de ser una cuestión exclusiva de profesionales que contrastan sus programas y agendas políticas en el marco de parlamentos e instituciones políticas varias. Para ello los políticos tienen que bajar al pueblo, a pié de calle y los ciudadanos han de poder controlar el ejercicio de gobierno y elevarse ante la posibilidad de tomar decisiones. Es el único inicio de camino a transitar para que el pueblo comience a recuperar, poco a poco, el poder que le ha sido sustraído. Ello ante la falta de "voluntad política" de los profesionales de la política, unas veces por incapacidad o falta de apoyo popular, otras por complacencia, otras por aquiescencia, otras por cobardía o miedo al cambio, otras por incompetencia y otras por omisión, interés o comodidad.

Los verdaderos representantes del pueblo, a partir de ahora, habrían de saber llevar a las instituciones varias el sentir, la "voz de la calle" y para ello han de estar en contacto con ella, lo que no se consigue encerrándose en las sedes, ni en las atalayas privilegiadas de la política. Es este el tipo de representantes que necesitamos, que estén en contacto con la gente, con las asociaciones cívicas y políticas, en plazas y barrios. Pero también es absolutamente necesario que intenten, con humildad y con todas sus fuerzas, diluir inteligente y cabalmente las fronteras de la partitocracia, de sus partitocracias correspondientes. Este es el principal mal endémico de nuestra democracia, que tanto daño ha hecho a la deliberación política en los parlamentos y en la sociedad, al preferir levantar espadas y murallas mediante la disciplina de voto y contra los argumentos del "enemigo", a buscar respuestas racionales a los problemas de la gente, contribuyendo con ello a enfrentar a la sociedad. El proceso ha sido largo y hoy se ve el parlamento como un espacio de confrontación natural, como un circo romano, y esto traslada a la sociedad mayores litigios que los que ya la sociedad tiene de por si. La política hoy es en un proceso de desencuentro en parlamento y sociedad que se retroalimenta. Lejos está de los mejores argumentos y cerca del adoctrinamiento, el seguidismo y las filias y fobias políticas.

En general, se estimulan espacios políticos de confrontación que no de debate político, que lejos de ayudar a encontrar juntos el bien común, conducen a una lucha de enconados intereses políticos particulares buscando nichos y cuotas de voto. Además de contribuir al desentendimiento y desafección ciudadana por los temas de la política, que no habría de ser sino la intersección de saberes, experiencias, sentimientos y voluntades para buscar el bien común y nunca la forma en que los más fuertes -que no los argumentos más sólidos- se imponen a los más débiles.

También los partidos se desprestigian, despolitizan y se hacen dependientes de los poderes económicos, al burocratizarse y pasar a ser en gran parte plataformas de interés corporativo cuando no maquinarias de captación de votos, con las promesas y adhesiones o incumplimientos y desencuentros que esto conlleva.

La superación del sistema capitalista, interpela a las formas de hacer política, sólo la deliberación política y la participación ciudadana podrán derribar el sistema capitalista de competencia. Este no es sino una proyección del estado de naturaleza original en el corpus social actual, con formas pretendidamente democráticas, pero que lógicamente solo conducen a la dominación de unas personas, países y clases sobre otros. Cuando los ciudadanos y ciudadanas del Mundo entendamos la esencia de la República del bien común, pensaremos en global, la humanidad habrá dado un gran paso adelante y por fin otro mundo mejor será posible.

En concreto ¿A dónde quiero llegar, que propongo? Pues muy sencillo, ni más ni menos que trabajar a diversos niveles para fundar una alianza de hermandad entre los políticos electos de la izquierda y consecuentemente antineoliberales y la ciudadanía crítica para promover de nuevo el control de la sociedad y la política del bien común, sobre el mercado. Esto necesariamente nos obliga a todos y todas a recuperar la cultura y los ritos del compromiso, que se fueron perdiendo desde que dejamos de combatir la dictadura franquista y que hoy necesitamos como el agua para combatir a "la Hidra sistémica", la dictadura del mercado fundamentalista.

Más allá de los espacios de representación partidista a todos los niveles, los cargos políticos de diversos partidos que sean personas comprometidas contra el neoliberalismo y los ciudadanos, ciudadanas y asociaciones críticas habrían de comenzar a construir espacios de encuentro, debate y alternativas de movilización y representación política por el cambio y que atraigan la afección y el soporte ciudadano.

Esta sería la base para construir/constituir un amplio movimiento ciudadano, social y político que sea antineoliberal, auténticamente democrático y republicano, dirigido al cambio sustantivo y a la sociedad del "buen vivir" y que pueda presentarse a unas futuras elecciones con posibilidades de ganarlas y formar gobierno.

Si el liberalismo ha acabado con la política, todos aquellos que estén en disposición de combatirlo desde la política, buscando alianzas entre la sociedad y las fuerzas políticas de cambio, están obligados moral y éticamente a hacerlo. Para ello los líderes políticos de la izquierda actual, que desearan incorporarse al proceso, habrían de renunciar a parcelas de seguridad y poder que su estatus les confiere, no sin la recompensa de la satisfacción que entrañaría el compromiso con el proyecto y los logros que pronto serían visibles.

Qué duda cabe que los políticos implicados en esta hermandad social y política amplia, habrían de ser en todo momento un ejemplo de honestidad, rigor y entrega ya que habrían de convertirse en auténticos servidores del pueblo y no de intereses propios, de su partido o foráneos, cuando no de oscuros. Esto con el fin de recuperar la credibilidad entre la ciudadanía que no tienen hoy los políticos en liza de cara a gran parte del electorado. No olvidemos que muchos votantes votan como "mal menor" a partidos que no les provocan especial ilusión. Seguramente la congruencia, la unión de los iguales y en general la ejemplaridad en el servicio a la ciudadanía, darían a medio plazo frutos políticos, que en las actuales circunstancias serían imposibles. Ello sin tener que abandonar por el momento los escaños.

Una de las renuncias, que en el fondo sería ganar autonomía y dignidad, consistiría en renunciar a la "necesaria" disciplina de voto partidista en función de la disciplina a la libertad de conciencia. De esta forma se harían prevalecer sistemáticamente la defensa de las medidas de carácter social y el combate a las medidas neoliberales.

Otra sería renunciar a cualquier privilegio que no tenga cualquier trabajador en activo: pensiones vitalicias, planes de pensiones de capitalización, abuso de dietas, coches oficiales, etc.
Un tercer paso podría ser trabajar por la creación de un foro antineoliberal de diputados/as, ediles, etc… dentro del marco extraparlamentario, donde se pudiera desarrollar el debate político que no se da en los órganos de representación oficial y ello junto a representantes y personas significativas de la sociedad civil organizada.

El cuarto paso sería potenciar el debate y la participación ciudadana, al mismo tiempo que medios alternativos de comunicación e información: Web, publicaciones…

El quinto paso consistiría en promover nexos de unión entre dichos parlamentarios y la sociedad civil, con objeto de constituir un amplio Frente Antineoliberal en futuras elecciones. Frente capaz de publicitarse en las elecciones por el boca a boca y sin tener que acudir a financiación bancaria, en la red, por su ejemplo y por su programa en el cual podrían figurar entre los primeros objetivos: El planteamiento de un referéndum para abrir un nuevo y participativo proceso constituyente, la nacionalización como mínimo de las cajas de Ahorros y de las bancas salvadas con dinero público y la implementación de medidas de consulta directa y democracia participativa.
Es un posible camino de cambio, no hay muchas fisuras en el sistema y hemos de aprovecharlas y como muy bien decían los de la generación de la Guerra, "todo lo que vale, cuesta", naturalmente sin confundir por ello valor y precio. Cuesta privilegios, esfuerzos y dedicación. Vamos lo que antes era hacer política desde la resistencia y las trincheras y no desde los púlpitos y las poltronas inamovibles. Hoy no se puede, desde la óptica de cambio, ser tibios y complacientes con el sistema. Vamos que, ante los retos que tenemos, no se puede estar "en misa y repicando.

Que quede bien claro, ¡somos los muchos de abajo y vamos a por los pocos de arriba! Que cada uno elija de qué lado está. Parlamentarios, ediles, políticos, ¡bajar al pueblo! ¡sed pueblo! Y ganaremos la baza al capital.

¡Viva la república democrática y social de los ciudadanos y ciudadanas!

Res Pública Global

LA VERDADERA CRISIS DE EUROPA Y LA ÚNICA SOLUCIÓN POSIBLE

(ATTAC España, 12/12/2011)

Alberto Garzón Espinoza – ATTAC Andalucía, miembro del Consejo Científico de ATTAC España

Sería un grave error considerar que la crisis de Europa es una crisis de la deuda pública, cuando ante lo que realmente estamos es ante una crisis de la propia configuración de la Unión Europea y un modelo insostenible e incoherente de crecimiento económico. Desgraciadamente la falta de cultura política y económica ha llevado a la errónea percepción de que la crisis económica es resultado de las políticas llevadas a cabo por un gobierno concreto en los años más recientes, algo que por cierto explica el cambio de color visto en las elecciones en todos los países. Sin embargo lo cierto es que la crisis actual es el resultado de políticas instaladas y aplicadas hace mucho más años y consensuadas por todos los gobiernos europeos. Esta es una crisis de la Unión Europea y del sistema capitalista, y si no resolvemos los problemas subyacentes durará como mínimo una década más, tendrá un carácter mucho más grave y acabará en un nuevo orden social muy perjudicial para la amplia mayoría de la población.

La deuda pública no es el problema
Como todo agente económico, los Estados tienen una partida de ingresos y otra de gastos. Cuando la partida de gastos supera a la de ingresos se dice que se entra en déficit fiscal, y entonces el Estado tiene que endeudarse en los mercados financieros para compensar la diferencia. La percepción general ante esta situación es que los gastos son insostenibles y que la crisis es consecuencia del excesivo peso de lo público en la economía. Algo que se suma a la percepción populista de que hay demasiados funcionarios, sueldos excesivos en la administración pública, derroche, corrupción desenfrenada…

Como toda gran mentira siempre hay algo de verdad, pero los datos revelan que no estamos ante la causa real del problema. Como se puede observar en el siguiente gráfico, España ha tenido hasta 2007 un superávit primario. Es decir, ingresaba más de lo que gastaba, y eso a pesar de las reformas fiscales regresivas que han reducido la cantidad de dinero que entraba en las arcas públicas.
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Como se percibe con claridad en el gráfico, hay un incremento espectacular del déficit a partir de 2007. Como ya hemos dicho en este blog, eso es debido a la caída extraordinaria en los ingresos (que caen por la recesión a la que lleva la crisis financiera internacional y el estallido de la burbuja inmobiliaria) y al crecimiento de los gastos derivados de los rescates financieros, el pago de prestaciones por desempleo y el plan de estímulo económico (conocido como Plan E). Todo ello llevó a incrementar el endeudamiento, es decir, a pedir mucho más dinero prestado a los mercados financieros.
deudapublica
Como se puede comprobar en el gráfico previo, es algo común en toda la Zona Euro. En todas partes la crisis financiera internacional condujo a la recesión por vía del cierre del crédito, y en todas partes los Estados tuvieron que incrementar su deuda pública. Hasta niveles que los propios mercados financieros han considerado peligrosos. Pero lo que debe quedar claro en este punto es que la deuda pública ha crecido como consecuencia de la crisis financiera.

La prima de riesgo no nos sirve para el análisis
El peligro que tenga un determinado nivel de la deuda pública depende del flujo de ingresos que genere un Estado determinado. Un 140% de deuda pública sobre el PIB no nos indica mucho, ya que lo que necesitamos saber es qué capacidad tiene cada Estado para devolver la deuda y sus intereses. Por lo tanto lo que nos interesa es saber cuánto crece un país (porque al crecer se recaudan más impuestos y por lo tanto se crean flujos de ingresos con los que devolver la deuda). El actual peligro reside, precisamente, en que ningún país está creciendo a ritmos adecuados y la mayoría tiene perspectivas de entrar otra vez en recesión.

Y se entra en recesión porque se aplican políticas de recortes. El error de los políticos y economistas liberales reside en dar por hecho que los recortes llevarán al crecimiento ahora o en el medio plazo, cuando en realidad lo que ocurre siempre es que al afectar al gasto público (que es un componente del crecimiento económico) también se afecta a los ingresos. El resultado final es que caen los gastos pero también los ingresos y por lo tanto la necesidad de endeudarse prosigue igual.

Con un Estado como Alemania creciendo poco y teniendo que pagar un 3% de intereses, todavía puede seguir el ritmo de los pagos. Pero con países como Italia, Grecia o España, que crecen nada o decrecen, afrontar intereses del 7% es apretar un poco más la soga. Por eso no conviene mirar la prima de riesgo, que es un simple diferencial, sino los indicadores fundamentales de cada país (ingresos, crecimiento, deuda y rentabilidad de la deuda).

Los dos modelos de crecimiento dentro de la Unión Europea
Que Alemania siga creciendo, aunque débilmente, y España esté en la frontera de la recesión se explica por el modelo de crecimiento que cada país mantiene. Mientras Alemania ha crecido en las últimas décadas gracias a un modelo de exportación, ayudado por su mayor competitividad, España ha crecido propulsando su demanda interna vía el crédito. Mirando la balanza comercial de cada país podemos comprobar cómo los países con menor competitividad (como España) han tenido un déficit comercial peligrosísimo mientras que países con mayor competitividad han tenido superávit.
balanzapagos_spain_2010
Lo que explica este gráfico es que España ha tenido más importaciones que exportaciones, y que ha financiado esa diferencia a través de la cuenta financiera. Dicho de otra forma, España ha crecido gracias a su burbuja inmobiliaria pero ésta no podría haber sido posible si los bancos no hubieran obtenido dinero desde el exterior para financiar todos los créditos inmobiliarios. Y ese dinero lo han obtenido los bancos de los mercados financieros internacionales, muy especialmente a través de la emisión de productos titulizados.

Es decir, el consumo interno español (componente del crecimiento económico) se ha sustentado no en altos salarios (que han sido en realidad cada vez menores como vimos aquí aquí) sino en el crédito financiero. Pero ese crédito ha sido posible porque los propios bancos han pedido prestado ese dinero en el exterior. Ese esquema es el que refleja el gráfico anterior, con una cuenta corriente excesivamente deficitaria y una cuenta financiera que lo compensa.

Por contraposición, Alemania ha crecido porque ha exportado más de lo que ha importado. Estamos ante una relación centro-periferia en Europa que se parece mucho a la establecida entre Estados Unidos y China. Alemania exporta más pero porque hay países que pueden comprar lo que Alemania vende. Y esos son países como España, Italia o Grecia. Y para ayudarles, Alemania y los países centrales de Europa han financiado esas mismas compras. Exactamente la misma relación que existe en el llamado Breton Woods 2 entre China y EEUU. Son polos opuestos que se necesitan mutuamente.

La distinta competitividad entre países y la chinarización de Europa
La mayor competitividad de Alemania se explica por una caída de los salarios mucho más aguda en Alemania que en España o en el resto de países periféricos. Aquí la actitud de los sindicatos alemanes lo explica todo, puesto que han aceptado caídas brutales en el salario real. Ello ha posibilitado que Alemania ganara la carrera competitiva sobre los otros países, que no tuvieron más salida que crecer vía crédito.

Así, mientras que el Pacto de Estabilidad y Crecimiento no sirvió para nada, porque sólo controlaba las cuentas públicas y no las privadas (y por lo tanto no alertaba de la exposición de las empresas y hogares), recientemente se aprobó el Pacto por el Euro. Dicho Pacto, que explicamos aquí , empuja a todos los países a ganar competitividad por la vía de recortes salariales y del gasto público. Además de llevar a la recesión, la aplicación de esas propuestas llevará a una carrera a la baja entre países europeos que nunca podrá ser ganada por España. Y es que no todos los países pueden ser competitivos ni crecer mediante exportaciones. Las exportaciones de unos son las importaciones de otros, y por lo tanto el Pacto del Euro es un camino hacia la chinarización de todos los países y sin que eso pueda llegar algún momento a producir crecimiento en los países con más retraso en dicha carrera, como España.

Lo que debería hacerse, un programa para la izquierda
Si la Unión Europea quiere mantenerse tiene que resolver los desequilibrios comerciales que existen en su seno. Si se quiere hacer de forma coordinada lo primero que Alemania tiene que hacer es promover una subida de la participación salarial en su economía. Esto se puede hacer fortaleciendo el peso de la centralización en la negociación salarial o llevando a un pacto capital-trabajo que refleje un creciente poder del componente salarial y un menor peso del margen de beneficios. Eso reducirá su superávit comercial y mejorará la balanza comercial de los países periféricos.

En el ámbito europeo hay que controlar el espacio financiero europeo. Hay que establecer controles de capital hacia fuera e imponer tasas financieras en el espacio europeo, declarando la zona euro una zona de autosuficiencia financiera. La prohibición de las transacciones con los paraísos fiscales y territorios offshore será otro pilar, junto con el fortalecimiento de los mecanismos de lucha contra el fraude fiscal y la coordinación de un fuerte sistema fiscal progresivo. Con todo ese dinero, más con un financiamiento directo del BCE (que tiene que refundarse), se pueden comenzar los planes de estímulo destinados a corregir todos los desequilibrios comerciales y a fortalecer un modelo sostenible de crecimiento (dirigido por los salarios y teniendo presente limitaciones medioambientales). Todo ello tiene que estar acompañado de una ampliación de los servicios públicos y una reducción de la jornada laboral sin disminución de sueldo (que compense los años de crecimiento de la productividad por encima de salarios).

Los eurobonos pueden ser una buena opción, pero si no son suficientes el BCE debe financiar directamente. Además, debe incrementarse fuertemente la regulación financiera, prohibiendo prácticas especulativas, e imponiendo tasas a los bonos de deuda públicas que por encima de una determinada cantidad sean del 100%. Eso es una reestructuración de la deuda que permite que sea progresiva.

En España debe acometerse un cambio en el modelo productivo, pero para ello es necesario impulsar también el mercado interno para no depender tanto de las dinámicas de otras economías. Algo similar a lo que está haciendo China desde hace varios años con objeto de reducir su exposición al exterior. Para ello también hay que fortalecer la participación salarial e incrementar el peso del Gasto Público en la economía. Como herramientas fundamentales es necesario disponer de banca pública y de empresas públicas en los sectores clave (como le energía, vivienda o telecomunicaciones).

En definitiva, para la supervivencia de la Unión Europea y de nuestro planeta necesitamos un proceso fuerte de redistribución de la renta, de la riqueza, del trabajo y un mayor peso de las entidades públicas, que deberán ser gestionadas de forma transparente y democrática. Todo lo que no sea eso, y como hemos revelado más arriba, nos conducirá a un nuevo orden social inestable, repleto de tensiones sociales inabarcables y que amenazaría con destruir todo atisbo de democracia.

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SANIDAD PÚBLICA, INTERESES MERCANTILES Y COHESIÓN SOCIAL

(ATTAC España, 12/12/2011)

Albert Recio – Consejo Científico de ATTAC España

Hace tiempo que la sanidad pública está en la mira del capital. No en vano el gasto sanitario constituye una importante partida económica, y por tanto fuente potencial de negocio. La prueba es que una parte del gasto sanitario llena las arcas de las empresas farmacéuticas y proveedoras de equipamiento sanitario, que suelen encontrarse entre los negocios más rentables del planeta. No en vano también allí donde la gestión sanitaria privada está más extendida, los EE.UU., el peso del negocio sanitario constituye la partida más importante del PIB, algo que tiene poco que ver con el nivel de eficiencia del modelo sanitario si se toman como referencia indicadores de esperanza de vida o de desigualdad en el acceso a la asistencia sanitaria.

Hace ya tiempo que algunas Comunidades Autónomas, especialmente Madrid y la Comunidad Valenciana, adoptaron un modelo de externalización de la gestión sanitaria cuyos efectos sobre el bienestar de la población y las condiciones de trabajo del personal merecen ser evaluados. Hace unos meses una evaluación de la calidad de los sistemas sanitarios en base a 19 indicadores sitúo a ambas comunidades en la categoría de "deficientes" (junto con Canarias y Galicia, siendo la Comunidad Valenciana la peor calificada. (El País, 2 septiembre 2010).

También en Catalunya ha existido desde siempre un sistema mixto de gestión sanitaria, en parte heredado del modelo sanitario anterior al establecimiento de la seguridad social. Un sistema sanitario donde se combinan hospitales públicos con una extensa red de centros semipúblicos, en manos de patronatos con presencia de instituciones locales, Iglesia Católica y grupos privados. CiU, en su largo mandato en la Comunidad, reforzó este modelo y le dio estructura, algo bastante parecido al doble circuito educativo. El Triparto fue incapaz de cambiarlo y aunque incrementó el gasto sanitario también llevó a cabo una reforma estatutaria del Institut Català de la Salut (el propietario de la parte pública del sistema) que apostaba por una gestión más liberal. La excusa siempre es el alto y creciente coste sanitario y la necesidad de modernizar la gestión. Un alto coste que es difícil de argumentar cuando se contrasta el gasto sanitario español con el de países de la UE (tanto en términos de PIB como de gasto per cápita), como el catalán respecto al resto de España (según el informe citado el gasto per cápita catalán solo está 4 euros por encima del gasto medio y se sitúa en la mitad de la tabla.

El nuevo gobierno de CiU, con el ínclito conseller Boi Ruiz a la cabeza, no ha dudado sin embargo en lanzar una auténtica cruzada en pos de la demolición del sector público sanitario. La política de ajuste presupuestario ha sido la excusa para ello. El cierre de camas y quirófanos hospitalarios, de urgencias en los ambulatorios (especialmente grave en zonas semirrurales donde los hospitales están distantes) han generado cabreo y sentimiento de deterioro, Tras las elecciones, CiU se siente con músculo para seguir su política privatizadora, ya visible en uno de los múltiples apartados de la "ley omnibus" donde se contempla la posibilidad que los hospitales públicos alquilen a operadores privados sus plantas cerradas y sus quirófanos, que han dejado de operar por la tarde. Un regalo al sector privado que podrá ofrecer a quien tenga dinero la alta calidad de la asistencia pública sin tener que pasar por las engorrosas (y al menos democráticas) listas de espera. Ahora se propone otra vuelta de tuerca, primero en forma de un nuevo copago por receta médica (como no se puede cambiar la realidad se crea el neolenguaje y se le llama ticket moderador) y después con la propuesta del siempre contundente Boi Ruiz a favor de crear un seguro privado obligatorio para la gente con recursos y dejar el servicio público para los pobres (aunque al paso que vamos con el paro y los recortes salariales la categoría "pobre" va camino de ser universal).

No deja de ser insólito que en Catalunya se defienda la gestión de las mutuas privadas como una muestra de eficiencia y buen hacer cuando en el pasado la Generalitat dedicó importantes recursos al salvamento de gestiones fallidas y fraudulentas (Hospital General de Catalunya, Mutua l'Aliança) y otras importantes instituciones han entrado en barrena (Agrupació Mútua) o han estado salpicadas por importantes casos de corrupción (Mutua Universal). Si de algo puede presumir el sector privado catalán es de fracasos continuados de gestión.

La propuesta, de ir adelante, significa bastante más que una mera privatización. Significa la ruptura del propio concepto de ciudadanía y de solidaridad social por cuanto se rompe el continuo entre los que pueden pagar y los que no. Si el problema es meramente financiero, y se supone que hay una parte de la población con recursos, bastaría subir los impuestos a esta parte de la población para cubrir el aumento del gasto. Propugnar un doble circuito es sin embargo optar por un modelo dual, uno "de pago" (aunque todo el mundo sabe que al final las mutuas privadas practican todo tipo de discriminaciones para reducir sus costes) y otro para pobres. Una nueva oportunidad para fomentar una cultura de la insolidaridad e incultura fiscal de las clases medias y un desprecio frente a los pobres que se salvan del seguro privado. En un país con elevados índices de evasión fiscal, con un elevado porcentaje de población inmigrante pobre, este modelo es una verdadera invitación a la iniquidad y la xenofobia. Ruiz no es solo un privatizador sino un verdadero agente promotor de la fragmentación social. Algo en lo que se muestra tozudo, pues ya antes de hacer esta propuesta atribuyó los problemas de salud a la genética y los hábitos individuales (otra forma de mentalizar a la población de que la gente enferma lo es por culpa propia, de separar buenos y malos ciudadanos, aunque entre los factores de malos hábitos nunca suelan incluir el del uso intensivo de los vehículos que generan contaminación y accidentes, ni el de las malas condiciones de trabajo).

Boi Ruiz, lo que representa, no es solo un peligro para la sanidad sino también para el mismo sentido de sociedad. No solo promueve negocio sino también división social, clasismo. No es por desgracia el único. Ahí están también los responsables de la sanidad gallega y balear desactivando ilegalmente tarjetas sanitarias a gente desamparada. Hay que pararles los pies: está en juego nuestra salud y nuestro sentido de sociedad.

Artículo publicado en Mientras Tanto Electrónico.

Y SI VOLVEMOS A EMPEZAR...

(Nueva Tribuna, 11/12/2011)

Félix Taberna

Los sonoros y contundentes resultados electorales cosechados por los progresistas y personas de izquierdas en las últimas elecciones anuncian una lenta y pesada digestión en ese campo. Una digestión que pasa por metabolizar el resultado, aceptar el nuevo tablero de ajedrez institucional en el que nos movemos; pero también proponer nuevas ideas, nuevas acciones, nueva cultura, nuevas imágenes. Es decir, recuperar ideología a la vez que realizar política en tiempo real. Para algunos, puede ser muy cómodo gestionar oposición contra gobiernos de mayorías absolutas. Para otros, festejar la alegría en casa del pobre. Pero no se trata de gestionar la oposición; tampoco de dar una patada al tablero del ajedrez institucional. Se trata de la imperante necesidad de perfilar un nuevo relato.

Una nueva narrativa en la que la agenda europea ocupe un principal lugar. No se puede seguir desatendiendo los proyectos políticos de Europa cuando éstos forman parte e influyen en nuestra vida cotidiana. Es preciso vulgarizar Europa. Así como la prima de riesgo se ha hecho popular también los eurodiputados españoles, como expresión política, de izquierdas deben hacerse relevantes.

En este nuevo relato de la izquierda es preciso reeditar el llamado contrato social. El acuerdo que une y delimita lo público con lo privado, lo común con lo individual. Una nueva edición desde los nuevos derechos de ciudadanía, desde los nuevos retos que presenta una sociedad envejecida y desde la necesidad de innovar la administración pública en su relación con la sociedad. En definitiva, relanzar el discurso de lo público en la sociedad, incrustando conceptos tales como ética pública, participación, transparencia, responsabilidad social, eficacia y eficiencia. Y teniendo en cuenta, que el principal valor de la izquierda se encuentra en la sociedad, en valores tales como libertad, igualdad, solidaridad, mutualismo, cooperativismo.

También hay que asumir un relevo generacional en las direcciones de los partidos. No como un mero modismo o un deseo por arrinconar la experiencia. Las nuevas generaciones deben empoderarse de su futuro, no dejando que las anteriores se lo determinen.
Las ideas no viven sin organización y ante nuevas ideas, nuevas organizaciones. Las actuales estructuras partidarias son más propias de los inicios del siglo XX que de los del XXI. Secretario General, Comité, Asamblea… son términos que nos evocan a siglos pasados. Las organizaciones partidarias deberán de ser más liquidas, más abiertas, más difusas en su relación con la sociedad. Y sobre todo, establecer redes de complicidad con los movimientos sociales organizados, especialmente con los sindicatos de clase.

Para todos estos retos hacen falta ideas y personas desde una actitud de diálogo. Que desarrollen Suma Positiva desde la mezcla, la heterodoxia y actitud amable. Sobran en el espacio de la izquierda las actitudes intolerantes, sectarias y cainitas.

En definitiva, la izquierda debe volver a ser lo que ha sido durante muchos años, motor de la historia.

"NO HABRÁ OTRA OPORTUNIDAD"

(Nueva Tribuna, 11/12/2011)

María Dolores Amorós

"No habrá otra oportunidad" dice Sarkozy, ventrílocuo de Merkel. Oportunidad ¿de qué?, ¿para qué?, ¿para quién? Los que hemos pagado todo -y en ello estamos- y nos ajustamos al máximo para sobrevivir dignamente una situación económica de injusticia social absoluta de la que desconocemos sus orígenes, porque nada hemos hecho para que se produjera, nos sentimos inmerecidamente amenazados por estas palabras. Una vez más se pretende que nos sintamos culpables de lo que otros han hecho. Si consiguen que nos autoculpemos por la precaria situación económica actual, lograrán nuestro silencio 'cómplice' y la consiguiente paralización en lugar de la necesaria acción revulsiva contra tanta mentira y tanto abuso.

En Europa -también en Estados Unidos- están aterrorizados porque el capital se viene abajo. necesitan más dinero para continuar alimentando al monstruo de innumerables cabezas conocido con el nombre de 'Mercado'. Tienen mucho miedo, lo tienen ellos, los políticos unidos a los especuladores. Siente miedo los que tienen mucho que perder. Y pretenden contagiarnos su terror, una más de sus innumerables indecencias, como si también nosotros estuviéramos a su nivel. La brecha entre los pobres y los ricos es enorme. Es ahora impensable que los de un lado carguen con la responsabilidad del otro, el cual, además, se ufana de estar muy por arriba de nosotros; por eso nos miran por encima del hombro.

¿Qué más podemos perder los de siempre? Se han zampado todita la sangre de nuestras venas. Ahora que apechuguen con la propia y con la de aquellos a los que han estado ayudando a ser más ricos, obscenamente ricos. A los que han protegido en sus manipulaciones fiscales, engañando a Hacienda -que en esto somos todos-, a los que parece que hay ayudado a evadir sus caudales a paraísos fiscales, a los que les han rebajado sus impuestos desde antes incluso del comienzo de la estafa, a los que son indultados de trampear con el dinero de todos, esos y sus protectores, que mucho tienen que perder, que se las ventilen ellos solitos.

Da la sensación de que Rajoy ha despertado de su letargo de desconocimiento absoluto de la famosa crisis. Todo se iba a solucionar con sus mágicas pócimas. El gobierno anterior era el único culpable. Y ahora se desayuna en Marsella poníendose de rodillas ante una autoritaria Merkel y ofreciendo a todo el pueblo español en sacrificio de vasallaje. Rajoy ha hinchado pecho y se ha empavonado. Su mayoría absoluta lo legitima para 'hacer lo que tiene que hacer', es decir, cumplir dócilmente con los deberes que Merkozy le ordene. Y ello no es más que todo lo contrario de lo que ha estado prometiendo durante tres años y medio, y más intensamente en la campaña electoral.

No cesan en el mensaje de austeridad y apretarse el cinturón, pero ¿quiénes?, nosotros. Pues no. Esos mensajes deben dirigirlos a los propios, a las enormes fortunas cuyo origen -legal o su contrario- también desconocemos. Y también deben aplicárselos ellos mismos y no mirar hacia el otro lado mientras cobran cantidades indecentes de euros. "Europa corre gran riesgo de explosión", reitera el títere francés. ¿Y a nosotros que nos cuentan? Ya nos han explotado hasta la extenuación. Diríjanse a los explotadores, no a sus víctimas.

Los que durante toda nuestra vida hemos luchado por una sociedad más horizontal, más igualitaria y más justa, detestamos que Merkel desde su trono alemán quiera dirigir nuestra economía, nuestros presupuestos, nuestros salarios. Y todavía nos cabrea más que Rajoy doble su testuz (ya lo hizo Zapatero y así se mantiene como embajador del mismo Rajoy), se vea secuestrado por una amnesia total que contradice sus reiteradas promesas.

Desconozco cómo va a responder esta sociedad sumisa y aún esperanzada en los milagros de la buena nueva anunciada. O bien la anestesia funciona y todos callan, o la reacción puede ser muy seria. El movimiento 15-M en España -esa panda de piojosos para los Aznar-Botella- y el resto de movimientos semejantes a lo largo de este planeta tienen la palabra y la acción. Vamos a confiar en que no desmayen ante las aberrantes injusticias que se han consolidado. Nuestro apoyo y trabajo lo tienen y lo seguirán teniendo. De momento los partidos políticos se han ganado a pulso nuestra desafección.

EL FUTURO DEL PSOE ES EL PARTIDO SOCIALISTA DE EUROPA

(Nueva Tribuna, 11/1/2011)

Rafael Simancas

Muchos militantes socialistas reivindican con razón en estos días un debate congresual más centrado en las ideas y en los proyectos que en las nomenclaturas. Resulta difícil separar una cosa de la otra, porque cualquier idea que merezca la pena exigirá de un equipo solvente para llevarla a cabo. No obstante, respetemos la lógica de construir la casa fijando primero los cimientos.

La idea que debe presidir el próximo Congreso del PSOE, a mi modesto entender, es la idea del Partido Socialista de Europa. Si algo hemos aprendido en los últimos años los socialistas españoles es que contar con un Gobierno nacional y una amplia mayoría en el Parlamento nacional no proporciona la influencia necesaria para ejecutar un programa de políticas progresistas. Los objetivos del ideario socialista no pueden alcanzarse desde el poder democrático de un solo Estado, sobre todo si ese Estado corresponde a una economía de potencia media-baja como la española.

La crisis económica ha venido acompañada de un grave aumento de las desigualdades sociales y de un retroceso democrático muy significativo en el seno de Europa, otrora referencia de progreso y desarrollo humano para el resto del mundo. La causa de esta realidad hay que buscarla en la acción global de los grandes poderes económicos y financieros, con la cobertura y complicidad de las fuerzas políticas conservadoras.

Mientras tanto, las fuerzas progresistas han limitado su débil respuesta al ámbito impotente de los Estados nacionales. La ausencia de un discurso y de una estrategia socialdemócrata transnacional está facilitando la imposición de un recetario derechista en el combate a la crisis. Y llama la atención la falta de una respuesta común y contundente del socialismo europeo ante una dinámica, liderada por el binomio conservador Merkel-Sarkozy, que alargará inexorablemente la crisis y agravará sus peores efectos sobre el paro y los retrocesos sociales.

Los grandes ideales de la socialdemocracia europea están más vigentes que nunca, porque nunca estuvieron tan amenazadas entre los europeos las más celebres conquistas históricas de la libertad, la igualdad, la justicia social y la democracia. Pero, a diferencia de los tiempos pasados, ya no basta con que los socialistas alemanes, franceses, suecos o españoles combatamos cada cuál desde nuestra trinchera para mantener y ampliar el territorio conquistado. O los socialistas de Europa actuamos como un solo ejército, o perderemos definitivamente esta guerra.

La derecha europea impone este fin de semana su binomio mágico frente a la crisis: austeridad y disciplina fiscal. Es la receta que conviene a los poderes financieros, pero supone una condena cierta a la recesión económica, el paro y la quiebra social para la mayoría de los europeos. Los socialdemócratas de varios países, como Rubalcaba en España, han planteado alternativas: una reducción flexible de los déficits públicos, compatible con planes de reactivación económica y la consecución definitiva de un auténtico gobierno económico para la Unión Europea, que impulse los eurobonos, que regule los mercados financieros, que imponga un régimen fiscal común y progresivo (incluyendo la tasa sobre las transacciones financieras), que ejecute un plan agresivo de inversión pública para estimular la demanda agregada…

Las ideas no faltan. Algunas surgen país a país, como el "nuevo contrato social europeo" que proponen los sindicatos españoles. O el "plan de rescate social" que plantean los socialistas franceses. O "la fiscalidad justa" que han promovido los socialdemócratas alemanes en su reciente congreso. Otras ideas llegan allende los mares, como ese "Pacto Nacional contra la Desigualdad" que impulsa Obama en los Estados Unidos. Pero ni aquellas iniciativas ni estas ideas llegarán a nada serio si no se plantean desde un instrumento serio de poder democrático, como el Partido Socialista de Europa.

Los grandes retos son de índole global, nuestros adversarios también lo son, y las únicas herramientas útiles para afrontarlos desde los principios de la izquierda han de trascender necesariamente las fronteras nacionales.

En consecuencia, el futuro del partido socialista español pasa inevitablemente por el presente del partido socialista de Europa. Aquí y en todos los rincones del continente.

Hagamos de esta idea una bandera a blandir en el próximo Congreso del PSOE. Y hablemos después de los nombres, porque habrá que hacerlo…

LEONARDO BOFF: LA GRAN PERVERSIÓN

(Punts de Vista, 9/12/2011)


Se preguntaba ayer Stiglitz en El Pais quién podía salvar el euro, y empezaba a contestarse diciendo que "Justo cuando parecía que la situación no podía empeorar, la sensación es que lo ha hecho". Les recomiendo su lectura, que es un buen análisis de la coyuntura, infinitamente mejor que todos los comentarios oídos en las últimas horas, pero vale la pena ponerle algo de perspectiva y darle un profundidad. Para ello, viene que muy a punto este texto de Leornardo Boff que acabo de recibir de los amigos del servicio de prensa alternativa SERPAL en el contexto de una "Europa para los ciudadanos y no para los banqueros (I) La Gran Perversión", que les invito a visitar, leer y reflexionar en unos días en los que los avances neoliberales de Europa nos retrotraen a los años 40 en, por desgracia, más de un sentido y la "Gran Perversión" no se limita sólo a Grecia e Italia, como se circunscribe en el texto de Boff, sino que avanza hacia la mayoría de países que forman la UE-27. Sólo 4, por motivos diferentes y como saben, oponen resistencia. Y ello es especialmente confuso si convenimos, volviendo al texto de Stiglitz, que "Los recortes actuales del sector público no resuelven el problema de los despilfarros pasados; sencillamente empujan a las economías hacia recesiones más profundas. Los líderes europeos lo saben. Saben que es necesario el crecimiento. Pero, en vez de ocuparse de los problemas actuales y encontrar una fórmula para el crecimiento, prefieren sermonear sobre lo que debería haber hecho algún Gobierno anterior. Esto puede ser satisfactorio para quien sermonea, pero no resolverá los problemas europeos… ni salvará al euro."

Conviene pues, ir con Leonardo Boff a lo fundamental de la crisis, y a la manera como –diciendo que pretenden resolverla– la aprovechan, para colmar su avaricia, los grandes gestores financieros.
"Para resolver la crisis económico-financiera de Grecia y de Italia se han formado, por exigencia del Banco Central europeo, gobiernos solo de técnicos sin participación de ningún político. Se partía de la ilusión de que se trata de un problema económico que debe resolverse económicamente. Quien solo entiende de economía, acaba no entendiendo ni siquiera la economía. La crisis no es de economía mal manejada, sino de ética y de humanidad. Ambas muy relacionadas con la política.
Por eso la primera lección de un marxismo básico es entender que la economía no es parte de la matemática y de la estadística sino un capítulo de la política. Gran parte de la obra de Marx está dedicada a desmontar la economía política del capital. Cuando en Inglaterra ocurrió una crisis semejante a la actual y se creó un gobierno de técnicos, Marx hizo duras críticas mofándose con ironía, pues preveía un fracaso total, como efectivamente ocurrió. No se puede usar el veneno que creó la crisis como remedio para curarla.
Para dirigir los respectivos gobiernos de Grecia y de Italia han llamado a gente que pertenece a los altos niveles bancarios. Los bancos y las bolsas han sido los que han provocado la presente crisis que casi hundió todo el sistema económico. Estos señores son como talibanes fundamentalistas: creen de buena fe en los dogmas del mercado libre y en el juego de las bolsas.
¿En que lugar del universo se proclama el ideal de "greed is good", la codicia es buena? ¿Cómo hacer de un vicio (y, digámoslo también, de un pecado) una virtud? Están sentados en Wall Street de Nueva York y en la City de Londres. No son raposas que guardan las gallinas, sino que las devoran. Con sus manipulaciones transfirieron grandes fortunas a unas pocas manos y cuando estalló la crisis fueron auxiliados con miles de millones de dólares sacados de los trabajadores y de los jubilados.
Barack Obama se mostró débil, inclinándose más por ellos que por la sociedad civil. Con los dineros recibidos continuaron la farra, ya que la prometida regulación de los mercados financieros quedó en letra muerta. Millones de personas están en el paro y la precarización, especialmente los jóvenes, que están llenado las plazas, indignados, contra la codicia, la desigualdad social y la crueldad del capital.
¿Es que gente que tiene la cabeza formada por el catecismo del pensamiento único neoliberal va a sacar a Grecia y a Italia del atolladero? Lo que está ocurriendo es el sacrifico de toda una sociedad en el altar de los bancos y del sistema financiero.
Ya que la mayoría de los stablishment no piensan (no lo necesitan) vamos a intentar entender la crisis a la luz de dos pensadores que en el mismo año de 1944, en Estados Unidos, nos dieron una clave iluminadora. El primero fue el filósofo y economista húngaro-canadiense Karl Polanyi con su clásica obra La Gran Transformación. ¿En qué consiste? Consiste en la dictadura de la economía.
Después de la Segunda Guerra Mundial que ayudó a superar la Gran Depresión de 1929, el capitalismo dio un golpe maestro: anuló la política, mandó al exilio la ética e impuso la dictadura de la economía. A partir de entonces no ha habido como siempre antes una sociedad con mercado, sino una sociedad de mercado. Lo económico estructura todo y hace de todo una mercancía regida por una cruel competencia y una ganancia descarada. Esta transformación desgarró los lazos sociales y profundizó el foso entre ricos y pobres dentro de cada país y a nivel internacional.
El otro es un filósofo de la escuela de Frankfurt, exiliado en Estados Unidos, Max Horkheimer, que escribió "El eclipse de la razón" (1947). Ahí se dan las razones para la Gran Transformación de Polanyi, que consisten fundamentalmente en esto: la razón ya no se orienta por la búsqueda de la verdad y por el sentido de las cosas, sino que es secuestrada por el proceso productivo y rebajada a mera función instrumental, "transformada en un simple mecanismo tedioso de registrar hechos"
Lamenta que "justicia, igualdad, felicidad, tolerancia, juzgadas inherentes a la razón durante siglos, han perdido sus raíces intelectuales". Cuando la sociedad eclipsa a la razón, se vuelve ciega, pierde el sentido del estar juntos y se ve atascada en el pantano de los intereses individuales o corporativos. Es lo que hemos visto en la crisis actual. Los premios Nobel de economía más humanistas, Paul Krugman y Joseph Stiglitz, han escrito reiteradamente que los "jugadores" de Wall Street deberían estar en la cárcel por ladrones y bandidos.
Ahora, en Grecia y en Italia la Gran Transformación ha adquirido otro nombre: se llama La Gran Perversión."
 (Este texto de Boff fue publicado originalmente en Argentina, en ecupres.)

MORALEJA: NO TE LO CREAS

(ATTAC España, 11/12/2011)

Antonio Nabú – ATTAC Cádiz

Ya lo dice hasta al tendero de la ferretería de mi barrio: La crisis se ha provocado porque todos los "mindundis" hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. Y si lo dice el ferretero es, sin ninguna duda, porque le está llegando esa información por muchos y variados sitios. De hecho, todos los políticos, banqueros, los grandes medios de comunicación y todos los  mecanismos del sistema lo llevan repitiendo ya desde hace meses de forma insistente y machacona. Parece que todo el mundo está de acuerdo.

Lo curioso es que esos mismos políticos, banqueros, medios de comunicación y toda esa maquinaria bien engrasada del sistema, son los que también nos decían hace unos años, con la misma alegría y sin tapujos, que esto era "jauja". Que podíamos pedir el dinero que quisiéramos para comprarnos el pisito, los tres coches y la segunda vivienda en la playa, si hacia falta. Aunque nos dejáramos el 80% de nuestro sueldo en nuestras adquisiciones.

No pasaba nada -te reconfortaba ese mismo sistema- los pisos siempre  costarán más, los podrás vender. Serías tonto si dejarás perder esta oportunidad para hacer una gran inversión.

¿Recordáis? Si por entonces hasta también lo decía nuestro bien informado ferretero.

Aquí algo huele a chamusquina. A mi me da que los que han vivido de verdad por encima, exorbitadamente por encima de sus posibilidades han sido ellos, manejándonos y engañándonos como bobos, para mulitiplicar en un santiamén por 4, por 100 o por 1000 sus grandes fortunas con cada una de nuestras firmitas en el banco. Se hicieron de oro. Que digo de oro, se hicieron de diamante, con tropecientos quilates. Y para ellos fue tan sencillo como poner en marcha una miríada de burbujas y pompas de jabón, que, desde su maquinaria, eran lanzadas en torbellinos a la plaza pública para jolgorio de la ciudadanía.

Claro! Colapsó. Eso ya lo sabían ellos que iba a pasar. El dinero que se estaba generando y que llenaba a rebosar sus arcas era de mentira. Y la gran mentira se desmoronó. Y llegó la crisis. Y lo lógico, entonces, habría sido decirles… Señores banqueros, señores financieros, señores políticos:  ese dinero que han ganado, y que les ha servido para vivir muy, pero que muy por encima de sus posibilidades reales, no sirve. No es de verdad. Y ahora tienen que pagar por su negligencia, por su ferocidad y su desmedida aspiración a las alturas.

Pero no. Porque los que ahora tenemos que pagar sus destrozos son los que perseguíamos embobados esas pompas de jabón. Por tontos. ¿La maquinaría que las creaba para atraparnos como imbéciles? Bah, ese es un detalle sin importancia. De hecho, la maquina sigue a todo gas creando ahora ese sentimiento de culpabilidad entre toda la población por haber querido aspirar demasiado alto. ¿Ellos? ¿Los que manejan la maquinaria? ¿Si se sienten también culpables? Que va! De hecho se están forrando todavía más, con todo el dinero que nos están sacando a base de recortes, ajustes y de entregarles derechos y bienes que hasta antesdeayer eran de todos.
En definitiva, yo lo que veo es a mi ferretero sintiéndose muy culpable por el pisito interior de 38m2 que se compró en Lavapies. Y lo peor es que sus colegas que también están muy bien informados en los grandes medios de comunicación, le dicen, macho, es que has querido vivir por encima de tus posibilidades. Nos has jodido a todos.

Lo que no saben, todavía, es que les está manejando el mismo monstruo de hace unos años. Ese monstruo que ahora, para tapar sus vergüenzas, intenta dividirnos y que echemos la culpa al vecino del 5º Izquierda, al viejo que  se aburre y gasta muchas recetas, a los parados que en el fondo no quieren trabajar, o a los maestros que son unos pedigüeños y no cumplen con su deber.

Dinero hay de sobra para que toda la humanidad tenga una vivienda digna, un trabajo competente, una salud gratuita y aun mucho más. Es el dinero de aquellos que premeditada e inmoralmente se dedicaron a embobar a la plebe con sus pompas de jabón, y además con todo el sistema funcionando a su servicio para que fuera así. ¡El mismo sistema que ahora nos dice que los ciudadanos comunes y corrientes hemos vivido por encima de nuestras posibilidades! Ya ves. Necesitan hacernos sentir culpables para que su inmensa cantidad de dinero, a buen recaudo en las Islas Cayman, puedan usarlo ahora para comprar nuestros hospitales, nuestras universidades, nuestras pensiones y, lo peor de todo, nuestra dignidad.

Antonio Nabú es miembro de DRY nodo Cádiz

¿QUÉ DEBERÍA HACERSE PARA SALIR DE LA RECESIÓN?

¿Qué debería hacerse para salir de la Recesión?
Mirando al pasado: el caso de la Administración Roosevelt

(ATTAC España, 9/12/2011)
 
Vicenç Navarro – Consejo Científico de ATTAC España

La experiencia histórica muestra claramente que es lo que debería hacerse para salir de la crisis actual. Podemos ver, por ejemplo, qué hizo la Administración Roosevelt para salir de la Gran Depresión en EEUU a principios del siglo XX. Tal administración interpretó correctamente cuál era el mayor problema que existía en la economía estadounidense: la falta de demanda, resultado, entre otros factores, del crecimiento del desempleo. Éste se percibió correctamente como un problema, no sólo humano y social, sino también económico. Más del 25% de la población adulta estaba desempleada, y ello determinaba un enorme problema de falta de demanda. De ahí que la creación de empleo fuera uno de los objetivos más importantes de la Administración Roosevelt. Un gobierno progresista debería hoy considerar la reducción del desempleo como uno de sus mayores objetivos, no sólo por razones humanas y sociales, sino también por razones económicas. El desempleo no es sólo un síntoma, sino también una causa de la crisis y de la recesión económica.

Los argumentos neoliberales
La respuesta neoliberal, ampliamente sostenida en la cultura política dominante del país, reproducida machaconamente en los mayores medios de información y persuasión, es que el desempleo se resolverá cuando "los estados recuperen la confianza de los mercados financieros "(la frase más utilizada en la narrativa neoliberal) mediante la reducción del déficit y de la deuda pública. Y añaden que, mientras tanto se recupere la famosa confianza de los mercados, la reducción del desempleo puede facilitarse mediante la flexibilización del mercado de trabajo, que es el eufemismo utilizado para indicar que hay que facilitar el despido de los trabajadores por parte de los empresarios.

Tales argumentos se utilizaron, también, por parte de las fuerzas conservadoras en el inicio de la Gran Depresión en EEUU por parte de la banca y la gran patronal para justificar políticas semejantes a las que se han estado llevando a cabo en los países de la Eurozona, incluyendo España. Su propuesta para salir de la crisis era reducir el déficit y la deuda pública, bajar los salarios y debilitar la protección social. Estas políticas, sin embargo, empeoraron la situación dramáticamente. De ahí que la Administración Roosevelt cambió 180º tales políticas, revirtiéndolas y poniendo como eje central de sus políticas públicas la creación de empleo, incluyendo creación de empleo público, facilitando a la vez el incremento de los salarios, y todo ello con el objetivo de estimular la demanda y el crecimiento económico.

La primera medida que tomó la Administración Roosevelt para crear empleo fue la creación del Civil Works Administration, que tenía por objetivo crear inmediatamente (en seis meses) 4.2 millones de puestos de trabajo. También inició el Civilian Conservation Corps., que empleó a jóvenes (medio millón) con escasas cualificaciones, para trabajar en parques, bosques y jardines. Y en 1935 creó el Public Works Administration, que reconstruyó la infraestructura, un tanto abandonada, de carreteras federales, puentes, pantanos y edificios públicos, empleando a más de 8.5 millones de trabajadores en el periodo 1935-1943.

Todas estas intervenciones facilitaron que la economía creciera a una tasa de un 10% por año. En 1937, el desempleo había disminuido a la mitad. En 1941 la economía había alcanzado los mismos niveles que tenía antes de la Gran Depresión.

Qué debiera hacerse ahora: las propuestas de los sindicatos estadounidenses
El desempleo en EEUU (que se calcula sumando a las personas en situación de desempleo aquellos trabajadores que han abandonado la búsqueda de trabajo por la dificultad de encontrarlo, así como los que trabajan a tiempo parcial porque no encuentran trabajo a pleno empleo) es de un 16% de la población. De ahí que Martin Bennett y Richard Walter, con claro apoyo de los sindicatos estadounidenses, hayan hecho propuestas (The Job Crisis: What did Roosevelt do that Obama should?, noviembre de 2011) que son relevantes también para otros países, incluyendo España. Según tales autores, el gobierno Obama debería gastarse 500.000 millones de dólares en los próximos tres años en:
1) recuperar y emplear de nuevo a los trabajadores (empleados públicos) que fueron despedidos en los gobiernos locales y estatales (equivalente a los autonómicos);
2) crear nuevos puestos de trabajo en las áreas sociales (tales como maestros, ayudantes de escuela, centros de infancia, servicios domiciliarios y atención sanitaria) y en nuevos sectores energéticos (tales como conservación, mantenimiento y ahorro de energías), pagándoles el salario medio de 16 dólares por hora.
3) crear infraestructuras físicas, hoy muy deterioradas, como escuelas, carreteras, nuevos sistemas de transporte no contaminantes, trenes de alta velocidad para el transporte de personas y mercancías, y viviendas de precio medio y bajo.

Tales programas se financiarían a base de:
1) Incrementar la tasa de gravación del 1% de la población que tiene mayores ingresos (que ha pasado de tener el 9% de todas las rentas en 1976 al 24% en 2007), subiéndola del 35% que tienen ahora al 70% que tenían en 1980.
2) Eliminar las ventajas fiscales de las rentas del capital, en aquellas empresas que han visto aumentar sus beneficios en los últimos tres años de crisis sin haber incrementado sus impuestos. El impuesto sobre las rentas del capital se ha reducido a la mitad en los últimos sesenta años. Muchas empresas como Verizon, Bank of America y General Electric no pagaron ningún impuesto en 2010.
3) Incrementar el 5,6% los impuestos a ingresos mayores de 1 millón de dólares.
4) Terminar con la rebaja impositiva de los súper ricos, aprobada por el presidente Bush.
5) Aumentar los impuestos de las transacciones bancarias (0,5%) basadas en rentas del capital, tales como acciones y valores.

Tales medidas fiscales generarían los recursos con los cuales crear ocupación. Propuestas semejantes hemos sugerido Juan Torres, Alberto Garzón y yo mismo en nuestro libro Hay alternativas. Propuestas para crear empleo y bienestar social en España. El hecho de que en España ni siquiera se citen estas alternativas, se debe única y exclusivamente al enorme poder que los grupos afectados por tales políticas fiscales tienen sobre los Estados central y autonómicos en España. Así de claro.
www.vnavarro.org

29 AÑOS DESPUÉS (DE 1982 A 2011)

(ATTAC España, 9/12/2011)


Juan Francisco Martín Seco – Consejo Científico de ATTAC

El vuelco electoral que se produjo el pasado día 20 noviembre recuerda aparentemente a aquel 28 de octubre de 1982 en el que el PSOE se alzó con mayoría aplastante. Entonces, como ahora, la economía española se debatía en una profunda crisis, aunque de características diferentes y, sin duda, de gravedad muy inferior a la actual. Entonces, como ahora, el partido mayoritario en la oposición y posteriormente ganador de los comicios se presentó con el eslogan "por el cambio".

Pero esa aparente similitud queda enseguida relegada, no solo porque los papeles de los protagonistas se invierten, sino por otras múltiples disparidades. Podríamos bautizar las elecciones de 1982 con el nombre de la esperanza. Aquel PSOE supo concitar un gran apoyo electoral. Los ciudadanos acudieron a las urnas con optimismo y entusiasmo pensando que el cambio era posible. El derrumbamiento de la UCD se debió sin duda a sus muchos errores y divisiones internas, pero también a que el PSOE transmitió ilusión a una gran parte de la sociedad. Otra cosa es que, como en toda ilusión, llegase después y relativamente pronto el desengaño. El momento actual es muy diferente. Estos comicios podrían haberse titulado los de la desesperación y el desánimo y, ante todo, lo que se ha producido es simple y llanamente un voto de castigo.

En todas las elecciones asistimos a un fenómeno curioso. Casi todas las fuerzas políticas se proclaman ganadoras. Siempre encuentran para ello algún aspecto en el que basarse. Pero en pocas elecciones como en esta, tales manifestaciones se acercan tanto a la verdad. Todos los partidos, todos menos el PSOE, han mejorado sus resultados o al menos han cumplido los objetivos que se habían propuesto alcanzar. Y, sin embargo, todos también deberían relativizar la victoria. El hundimiento del PSOE ha permitido el triunfo del PP con un escaso medio millón de votos adicionales a los de las pasadas elecciones. La debacle socialista ha liberado tal cantidad de votos, que incluso descontando los que se han dirigido a la abstención, ha hecho posible los magníficos resultados de Izquierda Unida, de UPyD y hasta los de CiU. Los partidos ganadores, comenzando por el PP, deberían preguntarse, no obstante, hasta qué punto su éxito obedece a sus méritos o a los deméritos del Partido Socialista.

Pero, sobre todo, es el PSOE el que tendría que reflexionar o mejor, más que reflexionar, llevar a cabo una total catarsis, cosa a la que no parecen estar muy dispuestos a juzgar por cómo se desarrolló el pasado Comité Federal, ausente de cualquier atisbo de debate y de la mínima autocrítica por parte de los responsables del desastre. Todo se limita a escudarse tras la crisis. Sin duda las dificultades económicas han sido el factor más importante en estos años para todos los países europeos, pero gobernar implica hacerlo en todas las circunstancias.

El primer error de Zapatero y de su séquito fue el de dar por buena la herencia económica recibida del PP y no vislumbrar que, detrás de aquel auge, se escondía una bomba de relojería que podría estallar en cualquier momento. Es más, se subieron al carro de la euforia y durante sus primeros cuatro años continuaron aplicando con gran triunfalismo la misma política, que no era precisamente una política socialdemócrata. Por si no hubieran sido bastante las dos reformas fiscales del PP, el PSOE implantó también la suya en la misma línea: reducción del Impuesto de Sociedades, disminución del tipo marginal máximo del IRPF, permisividad ante el fraude fiscal de las SICAV y, como traca final, la suspensión del Impuesto sobre el Patrimonio.

En su obcecación, se negaron a aceptar la crisis cuando ya era evidente y, en el momento en que la negación ya no fue posible, miraron hacia fuera responsabilizando de todo a las hipotecas subprime de Estados Unidos y cerrando los ojos, una vez más, a los graves problemas que presentaba la economía española. Incluso se jactaron de la solidez de nuestro sistema financiero, todo él contaminado por la burbuja inmobiliaria.

El papel representado ante Europa y ante Alemania ha sido deprimente, de extrema debilidad, de impericia e incompetencia, llegando casi al servilismo. En un día, por la imposición de los mandatarios europeos, modificó todo su programa cuando lo que únicamente se estaba solventando entonces era la ayuda a Grecia. Pero es que, en todo caso, Europa y Alemania nunca determinaron qué tipo de ajustes había que implementar. La decisión de recortar el sueldo a los empleados públicos y a los pensionistas y subir los impuestos indirectos en lugar de incrementar los directos (sociedades, IRPF, rentas de capital, patrimonio, sucesiones, SICAV, etc.) fue exclusivamente del Gobierno.

El margen de actuación siempre es grande y las alternativas muchas. En parte por ineptitud, el Gobierno se inclinó por lo aparentemente más sencillo, haciendo recaer el coste de la crisis sobre las clases más bajas. Los ajustes y reformas realizados por el PSOE estos años son de los más duros de nuestra época democrática. La etapa Zapatero se recordará por la frivolidad, por las ocurrencias, por la improvisación y por la falta total de ideología, a pesar de sus muchas aseveraciones en sentido contrario. El problema actual del PSOE consiste en que se ha olvidado de cuál es la ideología socialdemócrata. Se ha convertido en un partido liberal; liberal, sí, en materia de derechos civiles y de costumbres, pero también en materia de política económica.